¿Y si el síndrome de Kundalini no fuese real? La Kundalini es real, pero el proceso y los síntomas no es un síndrome. No es una enfermedad, dolencia ni algo que vaya mal. El síndrome de kundalini es el siguiente paso en el proceso evolutivo del ser humano que es un buscador de la iluminación espiritual.
Si no me equivoco, el concepto de síndrome se asocia a un grupo de síntomas con una causa subyacente desconocida. Por eso, como pasa con el despertar kundalini, cuando existe una enfermedad misteriosa, la llamamos síndrome.
A veces, cuando descubrimos la causa de un síndrome, seguimos llamándolo síndrome si el nombre se ha popularizado. El síndrome de Down es un ejemplo. Al principio era misterioso, pero luego se comprendió, y el nombre se quedó.
La kundalini no es así. Se conoce y documenta desde hace muchísimo tiempo en todo el mundo. Llamarlo síndrome significa que los fenómenos asociados con el proceso son síntomas. Pero no lo son.
Cuando una oruga entra en un capullo, no experimenta el síndrome del capullo, y el impulso de construirlo no es un síntoma. Es una transformación conocida.
Cuando un niño comienza la pubertad, no lo consideramos un síndrome, y el crecimiento de vello en las axilas y dormir más no se consideran síntomas. Son signos de un proceso natural del desarrollo humano.
Lo mismo ocurre con el despertar de la Kundalini. Los fenómenos que experimentamos durante el proceso son señales de la transformación, no síntomas.
Es importante entender esto. Con nuestras palabras, creamos nuestro mundo. Si consideramos que nuestro proceso de Kundalini es una especie de enfermedad, significa que somos víctimas de ella y que debemos encontrar una cura. No hay cura para la Kundalini, como no hay cura para la pubertad ni para una oruga que entra en un capullo. Es un proceso natural.
Cambiar tu comprensión contextualizará esta experiencia para ti, te sacará de tu condición de víctima y te llevará a un estado de empoderamiento.
Desde allí, abrirás tu conciencia para encontrar formas significativas de apoyar tu proceso compartido por aquellos que lo han pasado, en lugar de encontrar formas de cerrar el proceso por parte de aquellos que lo malinterpretan y lo temen.